Miles de cabezas de ganado, procedentes principalmente de Santiago-Pontones, retornan a las zonas altas de la Sierra de Segura tras pasar el invierno. Su labor de pastoreo limpio resulta clave para prevenir incendios forestales en la provincia.
JAÉN. Las veredas, cordeles y cañadas reales de la provincia de Jaén vuelven a cobrar vida. Con el progresivo aumento de las temperaturas y la consolidación de la primavera, decenas de pastores y miles de cabezas de ganado han iniciado el tradicional viaje de retorno a las cumbres de los montes jiennenses. Este movimiento estacional, conocido como trashumancia, no solo representa la supervivencia de un oficio milenario catalogado como Patrimonio Cultural Inmaterial por la Unesco, sino que se consagra año tras año como una de las herramientas ecológicas más eficaces en la lucha preventiva contra los incendios forestales.
El grueso de esta cabaña ganadera —compuesta fundamentalmente por ovejas de raza segureña, cabras y vacuno— procede del municipio serrano de Santiago-Pontones, auténtico corazón de la trashumancia en Andalucía. Tras haber pasado los duros meses de invierno guarecidos en las dehesas y pastizales más cálidos de Sierra Morena o la provincia de Ciudad Real, los hatos emprenden un viaje a pie de jornadas extenuantes para guiar a los animales de vuelta a las zonas de pastos frescos de alta montaña en el Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas.
Un «cuerpo de bomberos» con pezuñas
Más allá de su incalculable valor etnográfico y económico para el entorno rural, los expertos coinciden en el papel crucial que juegan estos rebaños en el equilibrio medioambiental de la provincia. Al alimentarse del sotobosque, la maleza y los pastizales secos acumulados en los montes públicos, el ganado realiza un desbroce natural continuo.
Esta acción elimina de forma sostenible el exceso de combustible vegetal en el suelo forestal, creando discontinuidades en el terreno que dificultan de manera decisiva la propagación de las llamas en caso de fuego. Un servicio ecosistémico insustituible que convierte a los pastores en guardianes activos de las masas forestales ante la inminente llegada de la campaña estival de alto riesgo de incendios.
A pesar de las dificultades socioeconómicas que afronta el sector y el propio relevo generacional, cerca de un centenar de familias ganaderas de la comarca segureña mantiene el pulso a la modernidad para conservar una práctica que vertebra el territorio, fija la población y defiende la rica biodiversidad de la sierra jiennense a golpe de cayado.


