Colectivos y organizaciones sociales aprovechan la conmemoración internacional para reclamar el fin de la precariedad y una mayor seguridad jurídica ante la vulnerabilidad del sector.
JAÉN. Cada 2 de junio, el calendario civil e internacional conmemora el Día Internacional de la Trabajadora Sexual, una fecha orientada a visibilizar las demandas de derechos, seguridad y reconocimiento social de las personas que ejercen este sector. La jornada, que tiene su origen histórico en las movilizaciones y protestas pacíficas protagonizadas por más de doscientas mujeres en Lyon (Francia) en el año 1975, sirve en la actualidad como plataforma para que diversas organizaciones pongan el foco sobre la persistente vulnerabilidad y la falta de cobertura jurídica que experimenta el colectivo.
A diferencia de otras jornadas de carácter festivo, este día se plantea desde las asociaciones del sector y los movimientos de apoyo como un espacio de análisis y debate técnico sobre las condiciones de vida y trabajo de estas personas. Las principales reivindicaciones de este año continúan centrándose en la exigencia de garantías frente a la violencia, el acceso normalizado a los sistemas de salud pública y de protección social, y la erradicación del estigma que históricamente ha dificultado su integración y bienestar comunitario.
La distinción técnica entre el ejercicio y la trata de personas
Uno de los puntos clave en los que inciden los expertos legales y los colectivos asistenciales durante esta jornada es la necesidad de establecer una delimitación clara y rigurosa entre el ejercicio voluntario y los delitos de explotación o trata de seres humanos con fines de explotación sexual. Desde los entornos de intervención social se subraya de manera unánime que, mientras la trata constituye una gravísima violación de los derechos humanos que debe ser perseguida y erradicada con total firmeza por las fuerzas de seguridad, las personas que ejercen de forma autónoma requieren de marcos de protección eficaces que eviten su clandestinidad y desamparo.
Asimismo, los informes sectoriales presentados con motivo de esta fecha destacan que la ausencia de un marco legal unificado a menudo aboca a estas trabajadoras a una situación de desprotección económica y administrativa. Por ello, la conmemoración de este 2 de junio apela tanto a las administraciones públicas como al tejido social a abrir vías de diálogo constructivas que prioricen los derechos fundamentales, la seguridad sanitaria y la dignidad de todas las personas afectadas, reduciendo las situaciones de marginación que aún persisten en la sociedad actual.
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