La inspección de trabajo en la granja
Un inspector de Hacienda y Trabajo se presenta de sorpresa en una pequeña granja de la Sierra de Jaén para hacer una auditoría exhaustiva. Al bajar del coche con su maletín, encuentra al viejo granjero sentado tranquilamente a la sombra de un olivo.
— Buenas tardes —dice el inspector con aire de superioridad—. Vengo a comprobar que cumple estrictamente con la normativa laboral. Quiero una lista completa de sus empleados y saber exactamente cuánto les paga a cada uno.
El anciano lo mira despacio, le da un sorbo a su botijo y responde:
— Pues verá usted, señor. Aquí solo trabajamos tres personas. En primer lugar está el peón, que lleva conmigo más de diez años. Le pago 1.200 euros al mes, le doy alojamiento, comida y dos pagas extraordinarias.
El inspector apunta rápidamente en su libreta:
— Muy bien, totalmente legal. ¿Quién más?
— Luego está la cocinera y limpiadora —continúa el granjero—. Cobra 1.100 euros al mes, tiene su contrato a jornada completa, sus vacaciones pagadas y vive en una casita al lado de la principal.
— Excelente, impecable —asiente el inspector sonriendo—. ¿Y el tercero?
El viejo suspira profundísimo, niega con la cabeza y dice:
— Ah, el tercero… El tercero es el caso difícil. Trabaja unas 16 horas diarias, de lunes a domingo, sin vacaciones ni festivos. No cobra un solo euro de sueldo, le doy las sobras de la comida para subsistir, la ropa que lleva está llena de remiendos y, para colmo, cuando llega a casa agotado por las noches, a veces ni le dirijo la palabra.
El inspector, indignado y frotándose las manos ante semejante infracción, exclama:
— ¡Pero qué atrocidad! ¡Eso es una explotación intolerable! ¡Exijo hablar inmediatamente con ese pobre hombre!
Y el granjero, mirándolo fijamente a los ojos, le contesta:
— Está usted hablando con él.
Jaén24 Os desea un feliz día y en especial a los autónomos

