Medicina a lo grande
Un hombre que está de viaje de negocios entra en la farmacia de un pequeño pueblo rural y le dice al farmacéutico:
— Buenas tardes. Mire, me duele muchísimo la cabeza, ¿tendría algo para el dolor?
El farmacéutico, muy serio, se mete en la trastienda y vuelve con una caja enorme de la que saca una pastilla de ibuprofeno del tamaño de un plato de postre y de dos kilos de peso. El cliente, con los ojos fuera de las órbitas, le grita:
— ¡Pero hombre de Dios! ¡¿Esto qué es?!
— Mire, caballero, aquí en el pueblo trabajamos así: dolor grande, ¡pastilla grande!
El viajero, resignado pero necesitado, mira la enorme pastilla y añade:
— Bueno… También tengo la garganta hecha polvo, ¿tiene algún jarabe?
El farmacéutico se vuelve a meter al almacén y aparece cargando a dos manos una garrafa de cinco litros de jarabe para la tos.
— ¡¿Pero bueno, otra vez?! —protesta el cliente.
— Ya se lo he dicho, señor: aquí, dolor grande, ¡jarabe grande! ¿Desea usted alguna cosita más?
El viajero da un paso atrás, mira la garrafa, traga saliva aterrorizado y responde:
— ¡No, no! ¡Déjelo estar! Los supositorios ya los compraré cuando llegue a mi casa…

